La envidia.

Ay, la envidia…

¿Cuantas veces has dicho “lo que tienen es envidia“?

Porque claro. Que alguien nos envidie significa que nos desea lo peor… ¿no?

Pues no sé tú. Pero yo soy una envidiosa.
Pero no de esas que te desean lo peor. No.

Soy de esas envidiosas que se alegran cuando al otro le va bien (casi siempre ?). Le va tan bien que me da envidia. Envidia inspiradora lo llamo yo.

Esa envidia que abre posibilidades.

Si el otro lo está viviendo, ¿por qué yo no?

Si esta pregunta te resuena te animo a revisar tu posición existencial.

Si. Si el otro lo está viviendo es por que es posible.

Claro que el otro tiene sus circunstancias, sus facilidades y claro, sus dificultades y heridas. Pero ahí está. Viviendo eso que a ti te inspira.

Te inspira porque te remueve algo.
Y si hay algo de eso que ves (que no quiere decir que en realidad sea) en la vida de otro, ¿por qué no caminar hacia ello?

Oye. Que si te remueve envidia de la otra. De esa que no inspira y aprieta las entrañas con un rencor extraño, acógelo.

Y ya sabes. Pregúntate. Escúchate.

¿Que hay de ti en que eso que ves para que te remueva?

Recuerda que todas las emociones, todo eso que se mueve por dentro, tiene una función.

Y para mi la función de la envidia es:

1. Generar metas y abrir posibilidades.
2. Reflejar cuál espejo rabia por eso que no tengo, no soy, no me dieron, no me sale…

Y tú… ¿Reconoces tu envidia?

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