Porque quiero sentirme mejor.

Creo que no hay palabras que definan mejor las miles de razones por las que ir a terapia.

A veces es nada más levantarte. Sientes que el mundo se te viene encima. No te apetece lidiar con lo que sabes que viene. Y solo deseas seguir ahí, acurrucada, protegida y al calor.

Otras veces es a media mañana. Miras el reloj y el tiempo no pasa. Se te está haciendo eterno. No sabes si estás enfadada contigo misma o con los de tu alrededor, pero… En serio. Insoportable.

Momento memorable cuando llega la hora de comer y una de dos. O tienes tanta hambre que comes lo primero que pillas (si tiene un extra de azúcar mejor) o bien no tienes hambre. Y la sensación de estómago cerrado y debilidad es horrorosa.

Y según el día va llegando a su fin… La culpa, la vergüenza, la ansiedad por lo que no has hecho. O te temes lo peor. Otro día que te va a costar dormir. Otro día que te vas solo a la cama, sintiéndote triste y desesperanzado. O quizás te despiertes a media noche y… se terminó el descanso.

Estas son algunas de las experiencias que han pasado por mi cuerpo, que he vivido y sentido. ¿Cómo son las tuyas? ¿Qué te ha traído rondar esta página?

Quizás conoces a alguien que lo está pasando mal. Y, jo, quieres ayudar de alguna manera. A veces es muy frustrante no poder hacer nada.

En “resumen”, hablamos de ansiedad, insomnio, depresión, problemas de alimentación, fatiga crónica, malestar general, soledad, problemas para relacionarme con los demás, problemas de pareja (para encontrarla, mantenerla o decirla adiós), problemas laborales, baja motivación, estrés, anhedonia…

Hablamos de sentirse mal. De verlo oscuro. De no encontrar la salida. De sentir que estamos atrapados entre muros enormes. Sentir que nadie me entiende, ni yo misma.

Hablamos de querer sentir la vida, de permitirnos ser quien somos, de aceptar las dificultades, enfrentarlas, dejarlas atrás. Hablamos de sentirnos de otra manera, mucho más yo y mucho menos “me flojean las piernas”.

Hablamos de pedir ayuda. De permitir a alguien entrar en nuestra vida. De confiar en mí, en mi terapeuta y en que hay algo mejor para mí.

Hablamos de que lo mereces. Aunque las heridas duelen, y mucho.

Ir a terapia significa invertir tiempo y dinero en ti mismo. Significa tener que poner la mirada sobre lo que no queremos ver, pero está ahí. Jolín que está ahí. Mira si está que toma control de tu vida más allá de lo que te gustaría.

Pero también significa abrir puertas y nuevos caminos. ¿Te animas?

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