El Análisis Transaccional es una teoría de psicoterapia humanista propuesta por Eric Berne.

A mí personalmente me encanta porque me proporciona un esquema desde el que comprender mi posición existencial y mis diálogos internos.

La posición existencial es ese rol que tomamos ante los demás y la posición en la que situamos a los demás. terapia humanista analisis transaccional

Cuando estamos en una posición de EQUILIBRIO no hay mejores ni peores. Estamos yo y tu, yo y los demás. Cada uno en su espacio. Cada uno con sus fortalezas y debilidades.

Esto no siempre es así. Muchas veces nos creemos mejores, aunque no implique que lo demostremos. Pero a nivel interno situamos al otro un escaloncito por debajo de nuestra valía. Es posible que necesitemos hacer esto para salvaguardar nuestra autoestima, situándonos en una posición de SUPERIORIDAD.

Y, cuantas veces nos sentimos inferiores… Cuantas veces sentimos ese “yo no valgo” o ese “ojalá fuera como él”. Estamos en una posición de INFERIORIDAD cuando nos relegamos a una posición inferior ante el otro.

Por último, cuando solo vemos los defectos propios y de los demás, estamos en una posición de DESESPERANZA.

El Análisis Transaccional propone un modelo de tres estados del yo (PAN), donde cada estado es una manera de sentir, pensar, de expresarnos. Todos tenemos y somos cada uno de estos tres. Y ¿Cuáles son?

Estados del yo Analisis Transaccional psicologia humanista en burgos

El Estado del Yo Padre/Madre es muy fácil de identificar.

Sabes cuándo te pones a pensar en lo que “tienes que…” o en “si hubiera…”, o el típico “hija mía, es que, como eres”. Seguro que alguno de estos resuena en tu cabeza. Pues bien. Esos provienen del estado del yo padre/madre.

¿Te suena? Y es que este estado del yo contiene toda la información sobre cómo funciona el mundo, cómo te tienes que comportar y como tienes que ser. Las normas, las reglas que hay que cumplir… Las creencias limitantes y los juicios internos.

¿Te imaginas como nos condiciona toda esta información? Es brutal. ¿Cómo vas a ser una persona de éxito o vivir en abundancia económica si en tu estado del yo padre está programado que debes de ser humilde y que tener dinero significa que estas del otro lado? Esto es un ejemplo que se me ha ocurrido, pero podría darte un montón. ¿Cual es tu mantra crítico?

Hay algo muy importante sobre este estado del yo que tenemos que señalar. Es el lenguaje que hemos interiorizado sobre este estado. ¿Cómo te tratas? ¿Cómo te hablas ahí dentro donde solo tú te escuchas? ¿Eres amable y dulce?

O más bien tienes un pequeño tirano dentro que además de señalar todo lo que haces mal lo hace con insultos y exigencias extremas.

Todo esto forma parte del estado del yo padre.

Pasemos al estado del yo niño. Este es mi favorito y con el que más me gusta estar en contacto. Es ese niño que fuiste, ese niño que eres.

Todas las emociones genuinas y espontaneas vienen de aquí. Es el motor. Desde este estado creamos, aprendemos y disfrutamos todos los días.

Guarda un programita sobre nuestra tendencia ante situaciones que nos trasladan a este estado del yo más infantil. Y créeme. Son muchas.

Cada vez que algo nos emociona, nos remueve y descoloca, es fácil que active esta parte nuestra, nuestra esencia.

Podemos tender a mostrarnos como un niño rebelde, provocador, despreocupado o desobediente. Pero también podemos ser sumisos, influenciables y entregados a los demás. Otra opción es la tendencia a aislarnos, inseguros y confusos nos retiramos del mapa, donde no nos vean.

También puede ser positiva la manera en que se expresa ese niño que llevamos dentro.

Podemos conectar la libertad, la espontaneidad y la expresión genuina de nuestras emociones.

Podemos ser cooperativos, asertivos y encontrar nuestra confianza y autonomía dentro de las normas y reglas sociales.

¿Qué niño resuena más contigo? El rebelde, el sumiso y entregado, el aislado…

La verdad que todos tenemos un poquito de cada, pero siempre hay algo que destaca.

Pasemos al estado del yo adulto. El más interesante desde un punto de vista terapéutico. Y es que este estado del yo es accesible conscientemente, es manejable y desde el podemos gestionar los otros dos.

En terapia potenciaremos el estado del yo adulto y aprenderemos a ser conscientes de cuando está tomando control un yo padre muy rígido que nos impide crecer y expresarnos.

Aprenderemos a tomar decisiones para cuidar a nuestro niño, escuchando y teniendo en cuenta como nos sentimos y que necesitamos. Sabremos que está activo cuando sentimos pensamos y actuamos acorde al presente, aquí y ahora.

En las situaciones que vivimos es frecuente que se activen dramas de nuestra historia. Es entonces cuando el estado del yo padre corre a socorrernos. Rápidamente se nos viene a la cabeza el que pensaría mi madre o que haría mi padre ante este problema. Y está bien. Son recursos. Pero a veces esta desactualizado y ya no nos sirve. Y nos vuelve a relegar a una posición nada sana para nosotros. Nuestro niño vuelve a oír “no llores”, “tienes que ser fuerte” o “no seas así, no ves que pareces tonto”. Y duele.

Tenemos derecho a escuchar a nuestro niño, a cuidarle, a hablarle bien, tenerle en cuenta y permitirnos ser lo que somos, sin juicios dañinos. Merecemos que nos quieran, que nos cuiden, que nos vean tal y como somos.

Y todo esto lo conseguiremos desde el estado del yo adulto. Dando permiso a nuestro niño. Siendo conscientes de cuando nuestro yo adulto esta siento crítico y construyendo un estado del yo padre/madre más nutritivo, más amable y flexible.

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Quizás quieras saber por qué ir al psicólogo.

En otro artículo explico qué es el Análisis Transaccional o la terapia Gestalt.

El Focusing es otra de las técnicas que incorporo en el proceso de terapia.