¿Qué tipo de terapia es mejor para mi?

¿Qué tipo de terapia es mejor para mi?

El mundo de la psicología, la psicoterapia y la terapia es muy extenso. Es complicado para quien nos dedicamos a ello, así que para la persona que está buscando ayuda debe ser abrumador.

Hay miles de perspectivas, teorías, paradigmas… Pero lo que tú quieres saber es si te servirá y cuál es la mejor para ti.

Para simplificar voy a hablar de tres tipos de terapia. Racional, emocional y corporal

Para mi cada una representa una puerta de entrada, un lenguaje y una estructura que te permite dar forma a lo que te pasa. Al fin y al cabo, todas buscan lo mismo. Que te puedas sentir mejor. Que el dolor no sea sufrimiento (de esto hablaré en otro artículo más detenidamente). Que seas tú el protagonista de tu vida y de tu mundo, y como no, que tus relaciones sean de calidad. Y para ello debemos de estar conectados. Nuestras sensaciones, nuestras emociones y nuestros pensamientos deben estar alineados y ser coherentes. Cuando hablo de ser coherentes hablo de que todo nuestro yo está siendo tenido en cuenta. No vale eso de “es que para ser feliz yo tengo que…”. Ahora lo entenderás.

Las terapias más racionales parten de los pensamientos, las creencias, la manera de percibir el mundo… Si has leído el artículo sobre la evolución del cerebro verás que se trabaja con la parte más compleja y humana, la corteza cerebral, esa parte que nos permite tener lenguaje. Nuestra parte más verbal es la más condicionada. Por la cultura, por lo que nos han dicho que tenemos que hacer… Siempre que pienso en esta parte me viene a la cabeza una escena de los Simpson.

 

Las terapias racionales más famosas son la terapia cognitivo conductual, la terapia breve, terapia de aceptación y compromiso, la terapia racional emotiva, la PNL… Mi favorita para trabajar esta parte es el Análisis Transaccional(puedes entender en este artículo el porqué).

Esta terapia es para ti si te defines como alguien lógico, que da muchas vueltas a las cosas, que necesita saber el porqué, cuando, como, donde, quien… Y es que en esta parte también está el juicio y la decisión.

La cara B de las personas que somos tan racionales es que entramos en bucle. Si. Damos tantas vueltas a las cosas que perdemos el hilo, nos cuesta pasar a la acción…

Pasemos a la parte emocional. Bajemos un escalón en nuestra estructura cerebral. Aquí encontramos a nuestro sistema límbico haciendo de las suyas. Para mi esta parte es un puente. Un puente que conecta nuestras sensaciones, nuestro yo más profundo y esencial con el mundo de las ideas del que hablaba Platón. Y aquí hablamos de nuestras emociones. Rabia, tristeza, miedo… pero también poder, alegría, amor… Este mundo es complejo. Pero no complejo de verdad, si no complejo por las polaridades, las “incoherencias”. Y es que es la parte racional la que lo hace complejo. Quien no se ha descubierto en un “cómo puedo estar tan triste si acabo de conseguir lo que llevo tanto tiempo luchando”. Y es que nuestro mundo emocional a veces va por libre. Tiene su propio ritmo, su propio lenguaje. Y aprender a descifrarlo no es asignatura en el colegio. Creo que esto ya está mejorando y, es que, los que ahora son mamás y papás se han dado de bruces con la realidad: siento luego existo. Y las prioridades van cambiando. Claro, que lo entiendo. Nuestros padres y abuelos no pudieron pararse a pensar en lo que sentían verdaderamente. Hablaré de como priorizamos nuestras necesidades en otro artículo. Ellos tenían que sobrevivir, comer, trabajar… Y por eso es fácil que con ellos haya sido difícil hablar de emociones. Era algo que se barría debajo de la alfombra. Había que seguir. Las consecuencias son devastadoras. Basta con pararse a pensar en la de gente que conoces que ha pasado por procesos de ansiedad y depresión. Y no es que seamos más débiles, es que somos más conscientes y no tenemos recursos.

Eres una persona emocional si te guías por tu corazón, si lo importante es lo que sientes, las experiencias y la huella que dejan en ti. Si eliges a la persona por cómo te hacen sentir más que por lo que son o tienen.

La cara B de las personas emocionales es que a veces nuestra vida parece una telenovela. Hay mucho drama, todo nos desborda y descoloca y a veces es difícil mantener un rumbo fijo sin bajarnos de la montaña rusa. Y lo peor es que a veces para bajarnos de ella recurrimos a mil estrategias para no sentir, como darnos un atracón de donuts de chocolate u obsesionarnos por el deporte.

Las terapias emocionales son aquellas que dan importancia a lo que sientes, a lo que te ha traído aquí, a lo que necesitas. No puedo clasificarlas distantes a las terapias corporales ya que como voy a explicar ahora cuerpo y emoción van de la mano. ¿Por qué? Muy sencillo. El cuerpo es el papel en el que se escriben nuestras emociones.

Por eso es tan importante incluir la terapia corporal en tu proceso. En mi opinión todo debe partir del cuerpo, de las sensaciones, donde no hay trampa ni cartón, donde nadie manda ni juzga. Ni tú mismo puedes controlar esto. Eres lo que eres, sientes lo que sientes y lo que has vivido está impreso en cada una de tus células. ¿Y si soy muy racional? No pasa nada, comienza por ahí y ve bajando. Que emoción hay y como la sientes en tu cuerpo.

Y, ¿qué terapias emocionales y corporales hay? Muchas. A mí me gustan todas, pero las que yo conozco más son: terapia GestaltBioenergética y Focusing. Pero también me encanta la terapia de movimiento, terapia corporal integrativa, el psicodrama, la musicoterapia…

¿Por cierto, sabes cómo sabrás si eres una persona más corporal y sensitiva? Cuando digieres el mundo por sensaciones. Si. Ese “nudo en la garganta” o ese “se me paró el corazón”.

La cara B (siempre hay cara B) es que a veces las personas que somos más corporales tenemos dificultades para saber la emoción que estamos sintiendo y ya ni te cuento para saber lo que nos hace sentir, pensar o hacer. Y es que a veces las sensaciones que tenemos no son del aquí y del ahora (muy Gestalt esta frase) si no del allí y del entonces. Algo ha disparado nuestra manera de sentir infantil o adolescente y nos ponemos a la defensiva o simplemente nos sentimos igual de indefensos que entonces.

terapia corporal emocional o racionalEntonces, ¿por qué no vale eso de “es que para ser feliz yo tengo que…”? Porque los tengo que solo incluyen nuestra parte más racional y normativa, los juicios y limites que tenemos aprendidos. Libérate, manda al carajo ese tengo que y párate a sentir. Si.

Comienza por esas sensaciones. Cuando te imaginas siendo feliz, ¿que sientes? ¿Qué sensaciones hay en tu cuerpo? Las emociones te las voy a decir yo (aunque le darás mil matices): amor, alegría, seguridad, confianza… Ahora el paso definitivo. Ahora sí que nos vamos a aliar con nuestra parte racional (nos permite llevar a la realidad nuestros instintos). ¿Qué necesito para hacerlo realidad? ¿Dónde estoy ahora y donde quiero estar? ¿Cuál es la barrera que voy a tener que saltar o los lastres que voy a tener que soltar? ¿Qué pasos daré?

Animo, yo confió en ti. Y además, ¿sabes qué? Te lo mereces. Te mereces sentirte bien en tu cuerpo, mereces expresar lo que sientes. Es más, mereces que alguien te escuche, te comprenda y además que le importe. Mereces crear tu vida a tu manera.

Para terminar, quiero dejarte la canción que me pidió el cuerpo escuchar cuando terminé de escribir este artículo.

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Quizás quieras saber porque ir al psicólogo.

En otro artículo explico qué es el Análisis Transaccional o la terapia Gestalt.

También puede interesarte saber más sobre el Focusing.

 

¿Qué es el Análisis Transaccional?

¿Qué es el Análisis Transaccional?

El Análisis Transaccional es una teoría de psicoterapia humanista propuesta por Eric Berne.

A mí personalmente me encanta porque me proporciona un esquema desde el que comprender mi posición existencial y mis diálogos internos.

La posición existencial es ese rol que tomamos ante los demás y la posición en la que situamos a los demás. terapia humanista analisis transaccional

Cuando estamos en una posición de EQUILIBRIO no hay mejores ni peores. Estamos yo y tu, yo y los demás. Cada uno en su espacio. Cada uno con sus fortalezas y debilidades.

Esto no siempre es así. Muchas veces nos creemos mejores, aunque no implique que lo demostremos. Pero a nivel interno situamos al otro un escaloncito por debajo de nuestra valía. Es posible que necesitemos hacer esto para salvaguardar nuestra autoestima, situándonos en una posición de SUPERIORIDAD.

Y, cuantas veces nos sentimos inferiores… Cuantas veces sentimos ese “yo no valgo” o ese “ojalá fuera como él”. Estamos en una posición de INFERIORIDAD cuando nos relegamos a una posición inferior ante el otro.

Por último, cuando solo vemos los defectos propios y de los demás, estamos en una posición de DESESPERANZA.

El Análisis Transaccional propone un modelo de tres estados del yo (PAN), donde cada estado es una manera de sentir, pensar, de expresarnos. Todos tenemos y somos cada uno de estos tres. Y ¿Cuáles son?

Estados del yo Analisis Transaccional psicologia humanista en burgos

El Estado del Yo Padre/Madre es muy fácil de identificar.

Sabes cuándo te pones a pensar en lo que “tienes que…” o en “si hubiera…”, o el típico “hija mía, es que, como eres”. Seguro que alguno de estos resuena en tu cabeza. Pues bien. Esos provienen del estado del yo padre/madre.

¿Te suena? Y es que este estado del yo contiene toda la información sobre cómo funciona el mundo, cómo te tienes que comportar y como tienes que ser. Las normas, las reglas que hay que cumplir… Las creencias limitantes y los juicios internos.

¿Te imaginas como nos condiciona toda esta información? Es brutal. ¿Cómo vas a ser una persona de éxito o vivir en abundancia económica si en tu estado del yo padre está programado que debes de ser humilde y que tener dinero significa que estas del otro lado? Esto es un ejemplo que se me ha ocurrido, pero podría darte un montón. ¿Cual es tu mantra crítico?

Hay algo muy importante sobre este estado del yo que tenemos que señalar. Es el lenguaje que hemos interiorizado sobre este estado. ¿Cómo te tratas? ¿Cómo te hablas ahí dentro donde solo tú te escuchas? ¿Eres amable y dulce?

O más bien tienes un pequeño tirano dentro que además de señalar todo lo que haces mal lo hace con insultos y exigencias extremas.

Todo esto forma parte del estado del yo padre.

Pasemos al estado del yo niño. Este es mi favorito y con el que más me gusta estar en contacto. Es ese niño que fuiste, ese niño que eres.

Todas las emociones genuinas y espontaneas vienen de aquí. Es el motor. Desde este estado creamos, aprendemos y disfrutamos todos los días.

Guarda un programita sobre nuestra tendencia ante situaciones que nos trasladan a este estado del yo más infantil. Y créeme. Son muchas.

Cada vez que algo nos emociona, nos remueve y descoloca, es fácil que active esta parte nuestra, nuestra esencia.

Podemos tender a mostrarnos como un niño rebelde, provocador, despreocupado o desobediente. Pero también podemos ser sumisos, influenciables y entregados a los demás. Otra opción es la tendencia a aislarnos, inseguros y confusos nos retiramos del mapa, donde no nos vean.

También puede ser positiva la manera en que se expresa ese niño que llevamos dentro.

Podemos conectar la libertad, la espontaneidad y la expresión genuina de nuestras emociones.

Podemos ser cooperativos, asertivos y encontrar nuestra confianza y autonomía dentro de las normas y reglas sociales.

¿Qué niño resuena más contigo? El rebelde, el sumiso y entregado, el aislado…

La verdad que todos tenemos un poquito de cada, pero siempre hay algo que destaca.

Pasemos al estado del yo adulto. El más interesante desde un punto de vista terapéutico. Y es que este estado del yo es accesible conscientemente, es manejable y desde el podemos gestionar los otros dos.

En terapia potenciaremos el estado del yo adulto y aprenderemos a ser conscientes de cuando está tomando control un yo padre muy rígido que nos impide crecer y expresarnos.

Aprenderemos a tomar decisiones para cuidar a nuestro niño, escuchando y teniendo en cuenta como nos sentimos y que necesitamos. Sabremos que está activo cuando sentimos pensamos y actuamos acorde al presente, aquí y ahora.

En las situaciones que vivimos es frecuente que se activen dramas de nuestra historia. Es entonces cuando el estado del yo padre corre a socorrernos. Rápidamente se nos viene a la cabeza el que pensaría mi madre o que haría mi padre ante este problema. Y está bien. Son recursos. Pero a veces esta desactualizado y ya no nos sirve. Y nos vuelve a relegar a una posición nada sana para nosotros. Nuestro niño vuelve a oír “no llores”, “tienes que ser fuerte” o “no seas así, no ves que pareces tonto”. Y duele.

Tenemos derecho a escuchar a nuestro niño, a cuidarle, a hablarle bien, tenerle en cuenta y permitirnos ser lo que somos, sin juicios dañinos. Merecemos que nos quieran, que nos cuiden, que nos vean tal y como somos.

Y todo esto lo conseguiremos desde el estado del yo adulto. Dando permiso a nuestro niño. Siendo conscientes de cuando nuestro yo adulto esta siento crítico y construyendo un estado del yo padre/madre más nutritivo, más amable y flexible.

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En otro artículo explico qué es el Análisis Transaccional o la terapia Gestalt.

El Focusing es otra de las técnicas que incorporo en el proceso de terapia.